viernes, 17 de julio de 2009

Un Milagro y un Regalo de Cumpleaños

Durante todo el día, sus catorce hijos y 48 nietos le habían celebrado los sesenta años de unión matrimonial. Cuando decidieron casarse, ella aún no había terminado sus estudios secundarios y sus padres se enojaron, pero el amor que manifestaban era tan inmenso que al poco tiempo lo aceptaron.

Ella era una mujer vigorosa. Le parió todos sus hijos en la casa. Su partera, doña Rufina Pérez, se quedaba con ella desde que le comenzaban los dolores, hasta que le entregaba su criatura bañadita.

El había sido toda su vida un hombre honrado y trabajador. Labraba la tierra con entusiasmo y lograba buenas cosechas. El oficio lo había aprendido de su padre, un campesino laborioso y serio.

En el último año los dos habían enfermado. Ella con setenta y seis años cumplidos, había sufrido una trombosis cerebral que le impedía hablar con normalidad y le mantenía paralizado la mitad derecha del cuerpo. El, cinco años mayor que ella, había tenido un infarto cardíaco, que le había quitado gran parte de su reciedumbre, por lo que nadie sospechaba que mantenía intactos sus deseos de apareamiento. Aquella noche, cuando todos dormían, la hija mayor sintió unos ruidos extraños en la habitación de la antigua casa de madera y velozmente corrió hacia allí. Al abrir la puerta, los encontró abrazados y se movían sudorosos, debajo de la sabana. Desde ese día la familia decidió que ellos debían dormir en habitaciones separadas. -Papá, todos tus hijos hemos decidido que mamá va a dormir en otra habitación, porque tú sabes que ella sufrió un derrame cerebral y aún no se ha recuperado y a ti te dio un infarto en el corazón que por poco mueres, por lo que no puedes sentirte mal por esta medida- le explicaba la hija mayor- El viejo rezongaba muy disgustado con lo que le estaban ordenando y una expresión de rabia se le asomó a la cara.

-Yo soy su esposo y tengo derecho a dormir con ella. Cuando nos casamos, juramos que estaríamos juntos hasta que la muerte nos separara- le gritaba a sus hijos - Su mujer afligida, apenas asentía con la cabeza y balbuceaba algunas frases incoherentes. La noche siguiente, en horas de la madrugada, se presentó el anciano a la habitación donde estaba su mujer, la despertó. Ella, a pesar de la oscuridad lo reconoció de inmediato y masculló :

-¿ Queeé… queeé… uuhhh… ?-

-¿Que qué es lo que quiero? ¡Morirme, eso es lo que yo quiero, morirme ! - le dijo desesperado- y se abalanzó sobre ella. Era tanto el deseo que se tenían que cayeron al piso y se sintió un estruendo en toda la casa. Los hijos despertaron y llegaron corriendo a la habitación pensando que algo grave había pasado y los encontraron otra vez revolcándose en el piso, abrazaditos. -Papa, por favor, déjala, que ella está enferma- le gritaban, mientras trataban de despegarlos- Pero para sorpresa de todos, su madre que durante los últimos 6 meses no había podido pronunciar palabra alguna, les exclamó con claridad :

-¡ Déjenlo, déjenlo quieto, no me lo quiten de encima, que es su regalo de cumpleaños !-Todos se retiraron en silencio, cerraron la puerta y dejaron a la pareja de ancianos abrazaditos y felices. El hijo mayor, con picardía no disimulada por una sonrisa, les susurró a sus hermanas :

-por lo que hemos visto, si eso se hereda, tenemos el futuro asegurado-


rafelsantana@codetel.net.do

0 comentarios: